Cuarta conferencia del bicentenario

En el día de san Eugenio de Mazenod, Bertrand MORARD impartió una conferencia en la que nos dio a conocer el papel de los padres Courtès, Marcou y Suzanne durante los primeros años de vida de los Misioneros de Provenza.

Bertrand Morard y Christine Pajon

Bertrand Morard y Christine Pajon

Estos tres sacerdotes nacieron en Aix en los ultimísimos años del siglo XVIII, después del duro periodo revolucionario, cuando se silenciaban los conflictos y llegaban a su fin las contiendas religiosas. Los tres se ordenaron muy jóvenes (a los 22 o 24 años) y se involucraron junto a Eugenio de Mazenod en las primeras actividades de los Misioneros de Provenza.

El padre Jean Joseph Hippolyte Courtès, nacido en 1798 en una familia acomodada, estudió en Aix. Acogido por los Misioneros de Provenza, se unió al primer grupo de misioneros. Nombrado Superior de la casa de Aix, se quedará en ella hasta su muerte en 1863. El padre Courtès, delicado de salud, se dedicaba día tras día a los pobres, enfermos, prisioneros. Se le apreciaba mucho por sus prédicas y sus consejos. Aquel hombre discreto y culto, letrado y serio, fue confidente de Eugenio de Mazenod durante toda su vida.

En la conferencia

En la conferencia

Al padre Jacques Marcou, nacido en 1799, le ordenó en Marsella Mons. Fortuné de Mazenod. Después de un tiempo en Notre-Dame du Laus, vuelve a Aix y participa en una misión. Envían luego al joven sacerdote a Nîmes donde se desgasta en el trabajo. Gravemente enfermo, vuelve a Marsella, donde Eugenio de Mazenod le asista hasta que muera a los 27 años. El padre Marcou fue “como un ángel que pasa por la congregación”.

El padre Marius Suzanne, nacido en 1799, era el mayor de 9 hermanos. El padre Tempier, su profesor en el seminario de Aix, es testigo de su conducta irreprochable. Ya desde su ordenación, el joven sacerdote, apasionado de literatura y obras filosóficas, participó en las distintas misiones parroquiales predicadas por Eugenio de Mazenod y sus primeros compañeros. Su celo misionero y sus talentos resultaron muy apreciados en las aproximadamente veinte misiones en las que participó sin importarle su salud. El padre Suzanne, amable y amado, cariñoso y dotado de un temperamento de fuego, fue durante un tiempo Superior de la casa del Calvario en Marsella. Una gran ternura de corazón unía al joven sacerdote con el padre de Mazenod. La enfermedad venció al padre Suzanne, imagen del “perfecto Oblato”, en 1829.

En el claustro después de la conferencia

En el claustro después de la conferencia

Eugenio de Mazenod había puesto toda su confianza en esos tres sacerdotes jóvenes, con quienes le unía un profundo afecto. Como misionero encendido al igual que Marcou y Suzanne, o más discreto como Courtès, cada uno de ellos participó con celo de los primeros y decisivos pasos de la nueva Congregación.

Chantal BERNARD-BRET