La Experiencia de Mazenod y mi encuentro con Jesús

En un primer momento la Experiencia de Mazenod (DMX) no era mi prioridad. Venía a conocer la espiritualidad de San Eugenio, pero sin ningún entusiasmo. Lo que me entusiasmaba mucho más era mi plan de hacer el Camino de Santiago antes de la DMX. Después del Camino me uniría a la DMX.

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Hoy sin embargo puedo decir que la DMX es un don de Dios, del que no puedo ser lo suficientemente agradecido. Recibí muchas bendiciones. Todas mis interrogaciones, sobre todo espirituales, encontraron respuesta. Conocí mejor a San Eugenio, y lo más importante, me volví a enamorar de él. Su vida espiritual se convirtió en inspiración para vivir mi propia vida. Conocerlo y amarlo me ayuda a ver con toda claridad mi identidad de Oblato. Sé adónde voy. Es lo que le da sentido a mi vida. Me siento lleno de gratitud por la llamada a la vida oblata. Como Oblato, estoy conectado con la extraordinaria historia de San Eugenio y de la familia oblata. Son gracias que nunca antes había imaginado.

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La DMX fue también una experiencia de encuentro muy íntimo con Jesús. Me ama más allá de mi pecado. Me llama a vivir unido a Él. Siempre me busca para perdonarme para que pueda vivir en Él y Él pueda vivir en mí. Nunca me abandona. Me enseña cómo vivir mi vida acorde a su voluntad. Me enseña a amarlo y a vivir una vida alegre.

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Hoy estoy lleno de gratitud, amor y alegría. Viviré con fidelidad mi vida de Oblato. Seguiré sin ninguna excusa las Constituciones y Reglas. Entregaré toda mi vida a Jesús en la oración, la reflexión, el estudio y la misión. Entregaré toda mi vida por la misión de la Iglesia, por medio de la Congregación, con un corazón agradecido. Invitaré a mis hermanos Oblatos a que vivan como Oblatos según el sueño de San Eugenio. También quiero ser, para muchos, testigo del carisma de San Eugenio, escogiendo los actos más humildes, sencillos y escondidos. Me atreveré a todo.

En el nombre de Jesús y de María.

Antonius Radjabana OMI