Experiencia de Mazenod:
« Del hacer humano al ser humano »

« La formación como un proceso para toda la vida » es el tema del segundo año del Trienio oblato, que nos invita a meternos en el proceso de la formación permanente. La Experiencia de Mazenod es uno de los programas propuestos para la formación permanente. El padre Andri ATMAKA, de la Provincia de Indonesia, y el padre John MALAZDREWICH, de la Provincia Lacombe, participaron hace poco de la Experiencia de Mazenod, que terminó con unos Ejercicios de tres semanas en Lourdes. Compartimos aquí sus maravillosos testimonios sobre la Experiencia que han vivido.

Padre Andri Atmaka

Padre Andri Atmaka

Vivo como una bendición el hecho de haber participado en la Experiencia de Mazenod del 5 de septiembre al 6 de noviembre de 2014. La considero como un momento de gracia en mi vida de Misionero Oblato y de sacerdote. Después de 19 años de sacerdocio, sentía que mi energía iba mermando poco a poco. Cumplía con mi ministerio, pero notaba sequedad y una sensación de hastío y vacío en mi vida. Me esforzaba por revitalizar mi espíritu y mi celo, pero había perdido el entusiasmo, sabía que necesitaba un corte. Necesitaba una nueva inspiración en mi corazón, anhelaba las motivaciones de mi juventud cuando era joven sacerdote y joven Oblato.
Doy gracias a Dios por haber tenido la suerte de participar, en el momento oportuno, en la Experiencia de Mazenod. Con 14 Oblatos más de distintos países, me adentré en ese viaje de dos meses. Mi motivación era la apertura. Me abrí y me hice disponible para recibir a todos mis hermanos oblatos, así como a lo que se nos iba a proponer; me abrí a todas las experiencias que me iba a tocar vivir.

Padres Andri Atmaka, John Malazdrewich y Eko Saktio

Padres Andri Atmaka, John Malazdrewich y Eko Saktio

Durante los Ejercicios en Lourdes, tuve mucho tiempo para profundizar en mi reflexión. Tomé mayor conciencia de que estaba en un momento de transición entre el hacer humano y el ser humano. Me di cuenta de que, desde mi primer destino como sacerdote, había basado mi vida sobre los resultados. Contaba con mis propias fuerzas, quería que el pueblo de Dios me aplaudiera como « bueno ». Me olvidaba en cierto modo de mi identidad de Misionero Oblato y de religioso. Me di cuenta de que en mi viaje no había habido solo éxitos. Había muchas fragilidades, fracasos y debilidades en mi vida y en mi compromiso como Oblato y sacerdote. Soy más consciente de que solamente por la gracia extraordinaria de Dios, he podido llevar a cabo lo que he hecho en mi ministerio, y solamente por esa misma gracia sigo todavía en pie hoy.
Gracias a la Experiencia de Mazenod, hoy me doy cuenta y acojo el que no soy más que un ser humano, con numerosas limitaciones y debilidades. Y sin embargo Dios me ama profundamente. Es un Padre que ha esperado el retorno de su hijo amado. Con su amor de padre, está dispuesto a acogerlo y abrazarlo. Así que volví a casa. Trayendo no mis éxitos, sino mi ser. Él me dijo que no me preocupara por nada, que sólo me fiara de Él. Una vez más, me pidió ser testigo de su amor en mi vida de cada día. Me siento agradecido por haber participado en la Experiencia de Mazenod, que me ha recordado que Dios siempre me sigue amando. Andri ATMAKA, OMI

Padres John Malazdrewich y Marius Nimal

Padres John Malazdrewich y Marius Nimal

Después de las tres semanas de Ejercicios en Lourdes, Francia, volvimos a nuestra casa de Fundación, en Aix. Los últimos días nos dieron la oportunidad de empezar a integrar todo lo vivido en los dos meses anteriores. Mientras reflexionábamos y compartíamos nuestra experiencia, se hizo patente que la « llamada a la conversión » había sido oída de maneras muy distintas por los participantes del programa. La elección del título de ese programa, « Experiencia de Mazenod », fue un acierto, ya que es exactamente lo que ese tiempo significó, una experiencia vivida de nuestra vida oblata, en el espíritu y el carisma de san Eugenio.
Clausuramos la Experiencia de Mazenod con la celebración de la Eucaristía en la Sala de Fundación. Fue una experiencia especialmente conmovedora. Cada uno de nosotros renovaba sus votos delante de los demás. Haciendo una vez más el voto de vivir nuestra vida de religiosos en el espíritu y el carisma de san Eugenio. Celebramos juntos la Eucaristía, y nos emocionó poder usar el cáliz de ordenación de san Eugenio. ¡ Una experiencia de veras emocionante ! Volvimos renovados en la vida oblata a nuestras comunidades y nuestros ministerios. John MALAZDREWICH, OMI